ANATOMIA DE UN CRIMEN

 

Una vez descartado lo imposible,

lo que queda, por imposible que parezca, debe ser la verdad.

(Arthur Conan Doyle)

 

 

CRONICA DE UN VIAJE A BANGKOK

La verdadera existencia humana es hoy una existencia estática
                28 febrero 2018

Llegar a Bangkok cuesta doce horas en un vuelo operado por Turkish Airlines; vía Estambul.

Por alguna razón de origen desconocido un importante número de viajeros o turistas cultivan una estética perroflaútica de planeado exquisito desaliño y natural y consecuente aroma. Y cada vez menos tales pintas tienen que ver con el inconformismo y la rebeldía y mucho más con lo kitsch; lo cursi y el deseo de aparentar lo que no se es.

A  muchos de estos vocingleros y activistas patrios, aquí, en el reino de Siam les trae al fresco que gobiernen un puñado de militares tras un punch en 2014; que la monarquía sea constitucional solo en lo cosmético o cualquier otro detalle menor que es fruslería en su deformado y simple mundo de buenos y malos. El bath, moneda local, cotiza a 36x1 y una habitación en el Hi-Sukhumvit 38 cuesta 14 euros la noche.

 

EL DESCUARTIZADOR DE BANGKOK

Hasta esta ciudad se vino a uña de caballo Arturo Segarra Prínceps; el llamado “descuartizador de Bangkok”. Lo hizo apresurado una vez se destapó en Barcelona la llamada Operación Cocoon, forma cinematográfica de nombrar el presunto saqueo de decenas de incautos desplumados con trilerismo.

Arrestaron a un notario con pedigrí y a un abogado pijo y de gustos caros, modelo de ocasión. Así lo cuenta el propio Arturo y lo vocean los diarios para dar enjundia al artículo que lo relata. Sin embargo, todo parece tan falso como la propia historia de la huida de Arturo. Ni Segarra es tan listo para deducir de unos teléfonos apagados(los del notario y del abogado) que había que poner los pies en polvorosa ni por más que le guste cacarearlo debió ser socio de aquellos, sino un machaca o edecán con una parte menor en la tajada.

Tengo la sensación de que cuando el desarraigo forma parte de tu vida adaptarse a Bangkok ha de ser fácil. Por esa razón deambular por esta ciudad es cuestión de poco y al cabo es fácil encontrar una piedra donde cobijarse y volver a ser escorpión.  

 

Cuando el domingo caiga en lunes, la vida habrá perdido la cabeza.

                                                             GREGUERIA

                                                             01/03/2018

En Bangkok no sirven cerveza en todo el día de hoy. Espero encontrar la razón. En Tailandia, según me informo, no se puede beber alcohol desde las 1:00 A.M hasta las 17:00 P.M como norma y en el día de hoy no se puede en todo el día. Es una de las festividades del Budismo. La información, no obstante, está cogida con pinzas. Fergó la trajo al vuelapluma extraída de un siamés que cabeceaba con tanta frecuencia en señal afirmativa, que hacía presumir que no entendía realmente lo que se le demandaba; y que quería salir del paso.

“Joder Fergó, no hemos tomado aún ni bautismo ni votos ni catecismo y ya nos está jodiendo la nueva religión”.

En la calle una multitud se agolpa alrededor de un Buda al que agasajan con flores amarillas y unas bengalas sin chispa que van prendiendo y ofreciendo a Siddhartha. Es un momento de religiosidad y arrobo.

Unos sones de percusión se escuchan a modo de mantra y unas jóvenes tailandesas, vestidas al estilo del antiguo reino de Siam bailan cadenciosas, lentas y descalzas.

Mientras esto sucede recitan unos rezos que los feligreses concurrentes les dan escritos en un papel amarillo con cara de “no te olvides de lo mío”. Han de ser promesas, o deseos, o peticiones. Lo sé porque mientras las bailarinas siamesas lo entonan, los feligreses se han arrodillado y juntado las manos a modo de rezo.

Esta liturgia budista no ha de ser muy diferente de la nuestra Fergó, con sus particularidades pero con parejo significado.

Ocurre que la nuestra, a fuerza de trilla y desapego ha dejado de atraer nuestra atención y esta nos parece pintoresca, exótica y mejor. Muchos ya no mostramos interés por la que culturalmente nos explica como personas y como sociedad y sin embargo aquí parecemos descubrir las Américas observando en rito ajeno e implorando que nos dejen un hueco.  

Entre los Tai que hacen cola para su ofrenda observo moverse a un extranjero. Se muestra respetuoso, no quiere molestar; da a entender que su presencia no quiere ofender.

Lo observo y me malicio que quizá en su país no pisa una iglesia pero aquí es todo religiosidad.

Forma cola entre los locales y cuando le toca turno se arrodilla frente a las bailarinas del reino de Siam y se arroba; parece entregarse a pensamientos místicos.

De repente todo pareciera como un farang al que le ha alcanzado el rayo de la luz. Luego se levanta silencioso, sin perder el ademán repentino de meapilas y así, recién confesado se aleja calle abajo con un rictus de santidad cincelado en el rostro.

Yo, que soy un descreído, no puedo por menos que llamar la atención de Fergó con un codazo mientras pienso……..¡ahí va un tonto a las 3!.  

 

 

.                                                     

 

Despertaba el día,

y, a su albor primero,

con sus mil ruidos

despertaba el pueblo.

Ante aquel contraste

de vida y misterio,

de luz y tinieblas,

yo pensé un momento:

¡Dios mío, que solos

se quedan los muertos!

 

G.A. Bécquer

02/03/2018

David Bernat que acabó flotando al mismo tiempo en varios kilómetros cuadrados del rio Chao Praya y Arturo Segarra que ideó la fechoría tienen en común lo mismo que un perro y un gato, razón por la que todo lo que tiene que ver con su asunto huela raro.

David andaba sobrado de conocimientos de consultoría y falto de picaresca. Quizá pensó que la palabra amigo significaba lo mismo la dijera quien la dijera. Es evidente que se equivocaba.

David se crió en un pueblo de Lérida donde el suceso más grave del que se tiene noticia es un vendaval que arrancó tres tejas y volcó una tinaja.

En casa de David se enseñaba que cualquier cosa, por insignificante que fuera, costaba esfuerzo. Lo aprendieron del grande al chico. A Arturo no le enseñaron tales principios y su cerebro reptiliano le proponía, en cada nuevo amanecer aliviar al prójimo de pertenencias.

David era un consultor acreditado, formado, de valía y ganaba más de mil euros al día. Arturo solo tenía audacia, cierta astucia, verborrea, no podía regresar al mundo del cual venía y estaba sin blanca.

David tenía un futuro al alcance de la mano. Planeado para cuando entrara en los 40, en su pueblo de seiscientos habitantes. Allí se retiraría.

El futuro de Arturo era del color de las togas y no se alcanzaba a vislumbrar, con suerte, más allá del día siguiente.

En suma, las charlas de David con Arturo parecen las de un pastelero hablándole de bollos y cremas a un diabético; las de un terrateniente que explica la mensura de su finca a un diablo que tiene por toda sepultura la tierra que lleva prendida a sus zapatos.          

 

 

MERCADO FLOTANTE DE DAMNOEN SADUAK

El mercado flotante dista unos cien kilómetros de Bangkok y es de visita obligada según los folletos.

Damnoen Saduak es su nombre, pero teniendo en cuenta la dificultad de su pronunciación para los europeos perezosos y las exigencias del marketing, “mercado flotante” es más acorde al objetivo de que los farang lo retengan y lleguen allí.

En el embarcadero Fergó fotografiaba a una pitón reticulada enroscada al cuello de una alemana gigante que superaba la repugnancia con el placer de mostrar la foto a su regreso, en Westfalia. La pitón era otro cantar, su mirada ya no reflejaba los misterios de la jungla sino el pesar de la vida lastimosa por unos miseros ratones. En las vigas del mercado decenas de monos parecían reírse del papelón de la serpiente mientras ella, resignada parecía decir: …ande yo caliente….

Por esta misma razón de aquel antiguo Damnoen Sadvak se ha pasado a este mercado flotante; porque de aquello que fue ya no queda nada y esto que ahora es, es otra cosa. Tampoco está mal, las cosas se transforman para no morir y puestos a hacer caja, elemento necesario e inherente del comercio, estoy seguro de que es más lucrativo que lo que fue, lo cual para un mejor pasar, no está nada mal.

Al parecer tiene su origen en la época en que los canales eran la forma más rápida para desplazarse. Echar el género a una barca y moverse por los riachuelos artificiales ente las casas era la forma de comercio más eficaz.

Me queda la duda de si eran los barqueros quienes se acercaban a los muelles donde deambulaban los clientes, o eran estos quienes a la par se hacían al agua en busca de provisiones.

Sea como fuere, a mí que soy de natural malicioso, me quedó la maña de que ya no había más clientes que los farang. Esto lo supe porque las barcas portaban carteles en inglés, mapharo se escribía coconut y sapparot se leía pineaple.

Y comoquiera que vi a los mismos remeros dos o tres veces supe que subían y bajaban el canal. Todas las barcas así lo hacían, como en una coreografía pintoresca.

A riesgo de contradecir el momento actual en que nadie quiere ser turista y todos quieren ser viajeros. Me temo que es solo otro esnobismo sin mucha reflexión pero que así, a granel, parece aportar caché. El turista es un borrego; el viajero atesora vivencias de lo auténtico, de aquello que es genuino.

Y esa parece ser la idea. Sin embargo, dando por sabida la dificultad de ser hoy en día Morton Stanley y acuñar un “doctor Livingston, supongo” a mí me parece más listo el turista que el viajero, menos engañado y en esencia su periplo es menos fatigoso.

Viene a ser como cuando en la casa rural el turista disfruta plácidamente de la conexión wifi y el agua caliente y el viajero, prescindiendo a priori de todo aquello permuta por la noche una hora de su autenticidad y busca en cualquier bar un código con el que engancharse a internet

Pero en algunos casos, los más, sentirse viajero tiene el placer del recuerdo de los amores inacabados cuyo final se puede confeccionar a gusto y salpimentar a placer.

El engaño, en esas circunstancias tiene muchísimo más mérito que la verdad. El engaño necesita imaginación; la verdad puede decirla cualquier idiota. La mentira necesita creatividad; la mentira es una suerte de talento.

Es sabido que Fierabrás saqueó Roma y robó dos barriles de lustre donde se había embalsamado el cuerpo de Jesucristo y es sabido que esta poción mágica era capaz de curar todas las dolencias del cuerpo de quien la bebía.

Don Quijote, tras una de las palizas que recibió le dijo a Sancho que conocía la receta: aceite, vino, sal y romero; se hierve y se bendice con ochenta Padrenuestros, ochenta Avemarías, ochenta Salves y ochenta Credos.  

A mí también me gusta sentirme viajero y lo seré a ratos y las más veces seré turista y para estos últimos casos: el bálsamo de Fierabrás.

 

Pitón Reticulada

         

 

EL TIEMPO QUE PASA ES LA VERDAD QUE HUYE

03/03/2018

Decía Mae West que la mejor forma de evitar la tentación es caer en ella. Seguramente David siguió a rajatabla lo de Mae y por eso visitaba Bangkok con frecuencia y salía de parranda y fulanas con Arturo.

 

                            

 

¡Qué demonios! Debía decir. A diez mil kilómetros de casa y teniendo en cuenta que lo dejo a los cuarenta, que mejor momento y lugar para recorrer el filo de la navaja en compañía de sus amigos los malotes.

 

Malores era la forma en que gustaba motejar a Arturo y a algún otro que anda en Tailandia sin dar razón de su paradero.

La parranda interminable de David en Bangkok pertenece al mundo de lo oscuro. De su entorno nadie sabía de Arturo ni de su condición de fugitivo. ¿Qué razón hay para compadrear con un tipo sin oficio ni beneficio sin que eso lo sepan tus amigos? ¿Sin que lo sepa tu familia o tu hermana con la que charlas prácticamente a diario?.

 

No es descartable que David, un buen tipo, un hombre formal y sin excesos que lo más transgresor que hubiera hecho fuera ponerse un pendiente de pellizco con motivo de una fiesta de disfraces, de repente descubriera que son mucho más atractivas las mujeres de las que se susurra que aquellas de las que se habla.    

 

 

 

Chica Araña

 

 

 

 

 

MOE KLONG

 

 

ENTRES LOS CARRILES DE LAS VIAS DEL TREN, CRECEN FLORES SUICIDAS.

RAMON GOMEZ DE LA SERNA

A diferencia de los toros, que hay que verlos en la plaza para padecer un momento de miedo primitivo, de inquietud y zozobra, otras cosas emocionan mucho más sin son contadas.

En el pueblo de Moe Klong un mercado se despereza a toque de bocina unas seis veces al día para dar espacio a una locomotora que lo atraviesa.

La curiosidad estriba en que la vía, como una raspa de pescado, atraviesa un mercado que ya estaba allí. Merece la pena recorrerlo.

Exponen carnes, especias, pescados, frutas y mariscos. Aun no hay souvenirs. Al anuncio del tren los turistas se reagrupan en los márgenes de las vías, los tenderos recogen sus carpas y hacen hueco. Todo calculado. Y poco a poco como si se tratara de un mastín fatigado cruza por entre la verdura una locomotora que arrastra un solo vagón cargado de turistas que hacen fotos a los de abajo mientras estos, cámara en ristre, los fotografían a ellos.

El pueblo está a una hora de Bangkok y más allá de lo escrito es aconsejable verlo. La curiosidad enriquece.

04/03/2018

San Casimiro

 

 

TEMPLOS DE WAT ARUN y WAT PO

El nombre completo es Arunratchawararam Ratchaworamahavihara de ahí que los locales lo llamen Wat Chaeng. La construcción central simboliza el monte Meru, sagrado para varias culturas y cuyo camino de ascenso está flanqueado por figuras demoníacas. Al lugar de oración se accede sin calzado y acercándose de rodillas hacia Buda.

He descubierto que Buda no es realmente un Dios ni tampoco es el único Buda, aunque este Siddhartha Gautama es el comúnmente representado y el que enseñó el camino medio como forma de alcanzar el Nirvana. El camino medio es la huido de los extremos, la práctica de la moderación. La vida es sufrimiento, el hombre es libre y los hechos, buenos y malos repercuten en nuestra vida como una consecuencia natural de nuestro proceder (Ley del Karma).

Cruzando el rio Chao Praya el templo de WAT PO custodia un Buda reclinado de 43 metros y 15 de alto, recubierto de pan de oro. El nombre tiene que ver con el árbol de Bodhi( higuera) bajo el que Siddhartha alcanzó la iluminación.

Fuera del ala sagrada está la residencial donde habitan los monjes enredados en el intento de alcanzar el Nirvana a través de una existencia sencilla.

El atuendo, a diferencia del tono rojo del Tíbet, aquí es de color azafrán o amarillo. El monje o Bhiksu debe guardar celosamente unas reglas de conducta para superar el periodo del noviciado.

. – ¿Cuántas son? Interrumpió Fergó al monje al que teníamos acorralado con nuestras cuestiones.

. – Son doscientas veintisiete, dijo el monje.

. – Fergó bajó un momento su cámara en silencio para buscar mi mirada. Mi gesto no cambió. Pudiera interpretarse que había encajado la noticia como un fajador de los pesos welter, aunque estuviera pensando que de buena nos habíamos librado siendo cristianos y no budistas.

. – Son doscientas veintisiete, dijo el monje nuevamente.

. – Supongo que la dificultad tendrá que ver con el punto del camino en que uno se encuentre, dijo Fergó casi mendicante.

. – Si, pero son doscientas veintisiete, volvió a decir el monje.

Y me vino a la cabeza la labor de un amigo, Azarelli para más señas, que bregaba en España dirigiendo una casa de acogida e intentando enderezar a niños a los que la vida no le había repartido buenas cartas.

Me contaba que a uno de ellos le anunciaba que el paseo del domingo había que ganárselo y la forma era cumplir unas normas durante la semana.

El niño miraba en silencio mientras Azarelli explicaba las condiciones intentando adoptar un gesto de ilusión que generase brillo en los ojos del infante.

. – Hay que lavarse los dientes a diario, respetar el silencio y no dar tormento…ah, y hacer la cama. Si cumples esas normas tendrás el premio y saldrás en domingo, le decía.

Y el muchacho, 9 años de vida asalvajada y callejera, huérfana de toda regla lo miro abatido para murmurar con desconsuelo……..¡si es que son muchísimas!!!

Pues eso; que depende en gran medida del tramo del camino en el que uno esté y de lo que te importe el Nirvana.

He conocido a personas que irradian vulnerabilidad…sus expresiones faciales dicen: tengo miedo de ti. Estas personas invitan al abuso…esperando ser lastimadas. ¿Sutilmente lo fomentan?

                                                                                                            Ted Bundy

 Arturo cumple con los registros de un psicópata, pero eso no lo convierte automáticamente en un asesino y mucho menos en un descuartizador. En ocasiones sucede que el histórico-penal que es la forma cursi de llamar a la hoja de antecedentes o andanzas tiene la misma precisión que intentar averiguar dónde va a lanzar la piedra un mono. El papel aguanta mucho y la burocracia todo lo apergamina.

El de Arturo recoge amenazas, extorsión y detenciones ilegales, pero para el ojo entrenado se intuye que Arturo no era más que un timador, un estafador del tres al cuarto, un cascaenbalde.

Y probablemente la detención ilegal de su currículum no tenga más empaque que la de retener a tu compinche de dominó al que le han dado la última oportunidad de ser puntual en el trabajo. Ninguna condena anterior o, si acaso, por delitos leves relacionados con el timo o las deudas. Poca cosa. Arturo no tiene antecedentes por delitos contra las personas, ni de índole sexual. ¿son estos los mimbres de un asesino descuartizador? No lo son, aunque es pronto para excluirlo.

Arturo tiene dos hijos con una rumana que se ganaba la existencia en los picos pardos y a la que no ha vuelto a ver.

Presumo que le importa un pimiento, aunque su cerebro reptiliano le diga que es conveniente sacar a pasear la historia de los niños a los que internó a todo lujo en uno de los mejores colegios de Barcelona y a los que tuvo que abandonar. A los que estaba dispuesto a ir a buscar cruzando valles y montañas como un Cabeza de Vaca de estos tiempos.

La historia, contada de forma pausada, teatralizando algún mohín de pesadumbre y espaciando los silencios es muy eficaz para amodorrar al primo. Usa la historia para dejar inerte a la víctima, desactivar sus alertas y hacer que te entregue la cartera.

Ese es Arturo, un charlatán, un vendedor de crecepelo. Los niños le importan lo que dura la historia que cuenta.

Ser un psicópata no es ser listo pero la imbecilidad moral que conlleva se compensa imitando a la perfección los sentimientos que conocen de las personas. Actúan fingiendo lo que se supone que han de sentir; lo que esperas que sientan. Eso les da una clara ventaja sobre todos nosotros; no sienten y por tanto no están limitados por las emociones.          

 

 

 

 

MUAI THAI

 

 

Para disfrutar un combate de muai thai no es necesario saber de qué va el asunto, ni siquiera pensar blanco y negro en callejones de Chicago.

Algunos luchadores saltan al cuadrilátero con el nervio de una salamandra que huye, otros lo hacen profundos y silentes, escenificando la solemnidad.

Dar matarile al contrario y molerlo a palos no es tarea de matones de garito sino de gente de honor. Se miran antes de cruzar guantes y les brillan tanto los ojos como los calzones.

En el local Thapae Boxing Stadium de Chiang Mai no hay humo ni un comentarista con corbata con una voz solo posible para quien es Joe Cocker o adicto a la ginebra. No hay señoras estupendas alzadas sobre tacones con un cartel que indica el round.

El muai thai emociona.

A las chicas que les gusta el boxeo le sientan muy bien los trajes de fiesta y, a diferencia de las fulanas, no son de esas mujeres a las que basta con enseñar la billetera para que te dirijan la mirada y su atención, sino que has de tener muy bien ensayado el swing ante el espejo.

En Thapae Boxing Stadium lo que hay es humedad, la voz chillona de un locutor local y una ladyboy que sirve cervezas mientras los farang apuestan, los luchadores se calientan y en rincones oscuros las cucarachas, con aire ajeno, andan a lo suyo.

 

 

PAI

06/03/2018

En Pai, tres mil curvas al norte han hecho un Buda blanco para rellenar los folletos de la oficina de turismo.

Centenares de visitantes pululan los alrededores en ciclomotores a 200 bath el día. El paseo es agradable.

Lo malo de Tailandia es que hay que descalzarse a cada momento y que no dan de beber a partir de la medianoche. Los pies son la peor parte del cuerpo por su contacto constante con el suelo; la más impura. Quitarse los zapatos será entonces una forma de cortocircuitar lo de fuera, malo, con lo de dentro, el hogar y bueno. La explicación tiene su lógica.

La que no encuentro sin embargo es la prohibición de beber dejándote en suspenso justo a la hora en que precisamente empiezas a vislumbrar que el nirvana es posible que esté justo tres cervezas más adelante.

Esto de la ley seca o echarle la culpa siempre a lo mismo ya tuvo su puesta de largo cuando en 1920 el senador Volstead dijo: “Esta noche, un minuto después de las doce nacerá una nueva nación; el demonio de la bebida hace testamento. Se cerraron para siempre las puertas del infierno.” Diez años después de aquello había aumentado el consumo de alcohol, se habían multiplicado los bares clandestinos, el gobierno gastaba enormes sumas en perseguir el crimen organizado y Alfonso Capone mandaba en las calles de Chicago.

Desde luego nació una nueva nación.

Aparte del Buda blanco también también hay una cueva y un puente de la Segunda Guerra Mundial que tiene el mismo interés que hojea un muestrario de moquetas. Imagino que a Pai la gente viene a otras cosas, pero no encontré la razón. 

 

NOCHE EN BANGKOK

 

LA DUDA ES EL PRIVILEGIO DE QUIEN HA VIVIDO MUCHO

 

NOCHE EN BANGKOK

 

David se paseaba por la noche de Bangkok con sus amigos los malotes; Arturo y otro sujeto, DD, que se quitó de en medio; se borró y ahora ha de andar fuera de la vista en cualquier rincón de Tailandia.

Hay quien dice que este otro sujeto tuvo que saber y presumiblemente tuvo que participar en la suerte de David. Era otro de los asiduos a las drogas, las fulanas y la jarana. Andaba en Bangkok interesado en españoles a quienes pudiera darles una mordida.

DD tiene ademanes de tipo gris, que en argot policial son aquellos difíciles de identificar, pasan desapercibidos. Conocía a Bernat, sabía de su posición económica y seguramente soñó con darle un bocado.

No usaba facebook pero coincidiendo con la muerte del bueno de David, activó su cuenta para anunciarle a nadie que se encontraba a mil kilómetros de distancia del suceso justo cuando este sucedía.

Le vino de perlas cuando fue interrogado por la policía. DD soltó la coartada a plomo sobre la mesa del investigador quien lo soltó ipso facto. Todo muy casual, tremendamente oportuno; pero como sentenciaba Marco Aurelio, todo lo que vemos es una perspectiva, pero no es la verdad.

DD pudo saber o intuir y marcharse a tiempo. Era lo más astuto que se podía hacer. O sencillamente, aun sin saber en sus justos términos, pudo no gustarle como soplaba y presagio galerna.

DD es un fugitivo. Ya lo era desde que llegó. En España pisó presidio y no le gustó el servicio de habitaciones de ahí que a la mínima que se terció, se evaporó.

Y así le gusta estar, evaporado, porque en España lo citan en la operación “macedonia” que va de tomarle el pelo a un narco y darle veintiocho kilos de yeso donde debía haber coca. Va de levantarle a un tipo de mecha corta los seiscientos mil euros que valía la pólvora.

Los uniformados del gobierno lo buscan y el narco despechado  dicen que dijo: el mundo esta lleno de desaprensivos. Y también lo busca.

Yo diría que son razones de peso para esfumarse sin que eso tenga que ver con las razones por las que el bueno de  David  dejó de existir.            

 

 

KHAOSAN ROAD. BANGKOK

                   

La insensatez me ha dejado casi siempre mejores sensaciones que el sentido común

Khaosan Road en el barrio de Banglamphu es conocida por la calle de los extranjeros y no por la calle del arroz crudo que es lo que significa el nombre.

Los hippies que llegaron en los 70 eligieron la zona por el cercano hotel Vieng thai que daba posada barata. La demanda equilibró la oferta con nuevos albergues y una cosa por la otra la calle se convirtió en punto de encuentro de viajeros que exploraban Indochina.

Leonardo DiCaprio con su participación en La Playa le dio el impulso para convertirla in aeternum en icono mochilero.

El alojamiento es barato pero Sukhumvit, zona cercana, tiene guest house mucho más decentes, con menos ruido y muy aceptables en precio.

Descubrir Khaosan road con veinte años es como ser monaguillo y descubrir al cura escondiendo la llave de la alacena del vino.

Decenas de puestos callejeros de comida para llenar la panza de paithai(fideos fritos) por 40 o 60 bath(1-2€); probar a comer alacranes, gusanos o langostas que más allá de su infame aspecto tienen el insulso sabor de un tupperware.

    

                                           

 

He observado que la elegancia y cierta prestancia en el vestir es natural o frecuente en la Europa mediterránea y, a medida que se aleja de este punto va en franco deterioro. Es así; es una verdad inmutable.

En Asia el vestir es un gatuperio de colores, prendas y accesorios más cercanos al frenesí de una ingesta de barbitúricos.

Todo es una cosa sin guía sin orden ni raciocinio.

Andaba yo viendo la vida pasar al abrigo de un toldo cuando vi acercarse a una chica de tintes asiáticos. Ni alta ni baja, delgada.

Nada físico atraía más la atención que su atuendo que pareciera combinado con la luz apagada al gusto de sus más encarnizadas enemigas. Los colores dignos de un vinilo de los Beatles, todo sicodelia. Los accesorios que portaba más que embellecerla la condenaban a un mantra de tintineo. La cabeza coronada por un tocado de lo que parecían ser orejas de gato.

Comoquiera que necesitaba una respuesta para no rumiar todo el día una explicación, abandoné mis pensamientos y me dirigí a ella.

Al verme frenó un poco sorprendida y luego me sonrió expectante.

. – dime, por favor, que ese atuendo que llevas es un traje regional. Necesito la respuesta para conciliar el sueño. . – Con un gesto dulce balbuceó unas frases ininteligibles y yo me aparté. Ella, sonriente, siguió su camino.

. – Ha dicho que sí, me dije a mi mismo. Es imposible que fuera de otra manera. Y con ese engaño me quedé tranquilo.        

 

 

LADYBOYS

 
 

 

 
CUANDO LA HIPOCRESIA COMIENZA A SER DE MUY MALA CALIDAD, ES HORA DE COMENZAR A DECIR LA VERDAD.

Tenemos hambre de mitos. Necesitamos la explicación total. Digerir un acontecimiento complejo es mucho más fácil pelándolo como se pela un alcaucil.

El tercer sexo en Tailandia, el de las lady Boys acusa varios de estos clichés. Cierto es que andando en Bangkok es frecuente cruzarse con lady Boys, raro por la mañana, frecuente por la noche, lo que aporta ya a una característica peculiar.

Quizá a consecuencia del budismo y la prédica de la tolerancia como seña de identidad nacer en Tailandia sea la forma más natural y agradable de pasar el vivir siendo así de diferente. En China te colgarían por contrarrevolucionario que es la forma maoísta de despachar al que se aleja de la ortodoxia.

Pero tolerancia no es aceptación, sino que conlleva la idea de permitir algo que tiene algún reproche, ya sea moral o legal.

La tolerancia no es más que la ira dominada por la razón. Aunque sea mucho mejor ser un lady Boys en Tailandia que un transexual en Rusia, quien lo duda, mi percepción es que no están tan integrados como para ocupar los escalones sociales más altos.

Frecuentan la noche, en gran medida ejercen la prostitución, etc. Y por cierto, tampoco halle a aquellas que dice el rumor ser calcos de mujeres. Todos los que yo vi, anunciaban por su aspecto, ademanes o dimensiones, haber sido hombres.

Haberlas haylas, como dicen de las meigas, pero hombres y mujeres somos diferentes como lo son la aceptación y la tolerancia.

“Susurros” Bravo observa el mundo desde una concepción personal mezcla de nihilismo, pragmatismo, libertad e inteligencia.

Manifiesta haber observado en su persona más similitudes con un mono que con su propia mujer, precisamente por ser esta mujer.

En momentos de tensión marital le gusta escapar en sus pensamientos hacia una isla habitada solamente por él y por el mono.

Pasean juntos a la orilla de la mar, sin hablar, jugueteando con palos y conchas que luego atesoraran en su hogar sin el temor a ensuciar, sin nada que reprocharse, henchidos de armonía.

En ese coto de felicidad imaginaria acaba balbuceando que solo falta que al mono le guste el fútbol y maldice que un servicio de avionetas no lanzara cervezas desde el aire.

“Susurros” Bravo acepta al mono.

Yo creo que en Tailandia toleran a los lady Boys. Teniendo en cuenta que en la mayor parte del globo o bien te cuelgan o te intentan reeducar, no me parece conquista menor.      

 

09/03/2018

BARRIO DE SUKHUMVIT

BANGKOK

 

En Silom Village; pasado el restaurante tras una estatua de un Elvis Presley de cartón-piedra espera un individuo moreno que mira la pantalla del teléfono.

Villy, nuestro enlace, le ha enviado una foto con la que nos reconocerá. Al vernos llegar nos espeta un hello en voz baja. Conducidos a la trastienda de su local dice que no se pueden hacer fotos mientras entorna sus ya de por si rasgados ojos; pareciera que más que mirar, sospecha.

Desde la trastienda unas cámaras vigilan a quien se acerca y dos fulanos silenciosos sacan la merca y la muestran. Es de mucha calidad.

En el exterior otro sujeto deambula haciéndose el ocioso ocultando que lleva un walki y que a intervalos regulares anuncia, a los que estamos en la faena, que todo va según lo previsto. Cuando se anda al margen de la ley toda precaución es poca.

Fergó es un negociador infatigable, casi desesperante. En cierta ocasión me dijo que el secreto era despreciar el tiempo ajeno y el propio hasta que el contrario entrara en la impaciencia. En estos lances no tengo nada que hacer. Fergó me desprovee de cualquier autoridad tratándome como un tipo cuya opinión no será tenida en cuenta.

El vendedor moreno es un fajador acostumbrado a negociar la mercancía con los más duros, con gente brava. Tiene la habilidad de un turco trasteando con perlas.

Al final todo se cierra, se fija el precio, se habla de la forma de pago y se estrechan manos abandonando el local con las mismas prevenciones que al principio, aligerada la billetera y con un precioso bolso de Louis Vuitton para la señora.

Antes de salir me giré hacia el tipo rufianesco del walki talkie y para no dejar cabos sueltos le susurré enérgico: y la foto del móvil, elimínala.

Silom Village. Solo para los que sepan lo que buscan.    

 

 

 

El barrio de Sukhumvit es un sitio alejado en el tiempo y la estética más que en lo geográfico.

Los locales, bares y restaurantes se preocupan de que las cucarachas corran por los albañales de la calle y los callejones ya no son lo que eran; están iluminados y ofrecen pocos escondites para apostarse para el  oficio del asalto.

Es un lugar de ocio estupendo para alojarse. Los precios son otros pero se gana en tranquilidad. Ni que decir tiene que la calle está igualmente repleta de puestos callejeros donde comer.

En las aceras, entre toldos y banquetas, todo tipo de mercancía merchandising más inútil que un políglota mudo y falsas como las intenciones del demonio.

Las falsificaciones en Bangkok lo acaparan todo pero nada hay de calidad, o casi nada. Lo bueno es caro, como en todos sitios y si se trata de encontrar imitaciones que no te retraten como un quiero y no puedo, el circuito es otro.

Villy. Contacto para todo. Habla español.

 

 

Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad.

La prensa tailandesa publicó confusas informaciones sobre los actos previos y coetáneos a la aparición del malogrado David Bernat;…. que si Arturo tenía un arcón congelador al que prohibía el acceso a su novia Pritsana;…. que si unas cámaras lo captaron comprando una sierra…. y cosas de semejante jaez.

La verdad es que a Arturo lo trincaron en Camboya cuando andaba a la huida. Lo cierto es que parte del dinero de David acabó en sus cuentas y para ello no ha dado explicación. Lo cierto es que toda su táctica fue negar la mayor en una estrategia suicida que parece tener que ver a partes iguales con cierta puerilidad e inconsciencia.

Arturo presenta los dos rasgos en una vida errática, de intereses sin futuro, de fantasía más que de realidad y donde ha usado sentimientos y emociones solo como atrezo; como medio para sobrevivir parasitando un día más…y otro.

No ha habido metas a largo plazo en la vida de Arturo.

Hasta su proceso lo enfrentó con la sonrisa que tan buenos resultados le había dado. Todo era una mascarada, una impostura para salir bien parado del trance. No surtió efecto. Arturo se presentó a su juicio a lo Ted Bundy, como una estrella siempre necesitada de espectáculo. Garabateado en la palma de la mano mostraba para las cámaras de televisión una cita bíblica (Lucas 23:34). “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Aquello era las rameras enseñándonos el catecismo.

Arturo Segarra puede ser un psicópata, pero eso no le convierte en un asesino descuartizador. Son cosas diferentes. La mayoría de los psicópatas no matan nunca a nadie ni son Ted Bundy.

La tía carnal de este último contaba una experiencia perturbadora ocurrida a principios de los 50.

Una tarde de verano andaba al cuidado del pequeño Ted cuando tras la comida se tumbó a descansar un rato. Al despertar se encontró al pequeño Ted, de tan solo 3 años que había colocado todos los cuchillos de la casa en la cama, alrededor de ella.

Al despertar sobresaltada, el pequeño Ted estaba allí, como esperando que despertara, en silencio, y mientras la miraba…… sonreía.      

 

CASAS DE ESPIRITUS y TUK TUK

 

 Las casas de espíritus velan la entrada de cada construcción y conviven con los de este mundo.

San Phram Phum es una ofrenda que tiene como objetivo contentar a los espíritus que habitaron el lugar de tal forma que no tengan que vagar inquietos.

A veces estas casitas están en lugares donde sucedió un accidente en señal de recuerdo a los espíritus de los que perecieron. A veces están a la entrada de un pueblo y son lugar de peregrinación para pedir por la protección de la localidad.

El rito es complejo; la casa de espíritus siempre estará al norte para evitar que reciba las sombras de la construcción principal e irá poco a poco enriqueciéndose con todo tipo de figuras (elefantes o coches para que los espíritus se desplacen; bailarines para su entretenimiento, etc.)

Cuando la casa se abandona o se vende, la casa de espíritus se queda y el nuevo dueño puede conservarla o enviarla a un cementerio de casas de espíritus de los muchos que existen.

Las casas de espíritus son un indicador más de un país con una religión sincrética donde el budismo tolera ciertos ritos de origen animista.

Fuera de estos espacios sagrados, la vida fluye entre tuk-tuk y taxis; entre sitios de masajes.

Los tuk tuk tienen el atractivo que aporta la sensación de sitio sin puertas que permite una rápida escapatoria. Al margen de lo anterior no son baratos. Los taxis tampoco lo son salvo que enciendan el taxímetro lo que no suele ocurrir si no eres nativo.

Los dueños de los tuk-tuk tienen cara de trileros y piden por el trayecto cuatro veces mas de lo que vale, no importándoles que los clientes extranjeros, a veces, no acepten el bandidaje. Para poca salud, ninguna, deben filosofar.

Aun así, prefiero los tuk tuk que posibilitan el abandono ante la menor adversidad, sin puertas ni trabas que lo impidan, directo a la libertad porque para algunos náufragos es más fácil tomar insecticida que café con leche y demasiadas veces incluso un abrazo se convierte en un lugar cerrado.

 

 

COMIDA THAI. EL PAD THAY

 

 

DIOS HA HECHO LOS ALIMENTOS Y EL DIABLO, SALSAS

De repente, la comida tailandesa ha irrumpido como un borracho en un velatorio, y se deja notar. Acepta el riesgo pues a menudo toda la vida no es sino una oportunidad.

El pad thai es quizá la comida más extendida y popular; a base de noodles, soja, brotes y otros condimentos y carne o gambas. El picante es a gusto del que manda que no tiene por qué coincidir con el que paga. A veces parece más una pequeña maldad para secreto regocijo del cocinero que un olvido o falta de comunicación. “No specy” no tiene por qué significar un “no picante” sino más bien un “ya veremos”.

En el pasado del ejercicio libre de la abogacía, me comentaba un letrado de Santiago de Compostela que dejó de serlo para convertirse en Mosley Clevon,  que se solía usar como ritual en el estrado, para apuntalar argumentos que carecían de solidez, la frase: Señoría, me encomiendo a la benevolencia del Tribunal.

 

Paid Thai

             

 

 

 

 

 

 

 

Aquello desde luego estaba más cerca del ruego que de la exigencia de justicia. Nuestro sirviente camarero recibirá la súplica, “no specy”, mientras en su cabeza resuena un eco que va apagándose a media que se acerca a la cocina: …. raochahen(ya veremos)….raochahen(ya veremos)….raochahen(ya veremos). Y así, consecuencia de la bonhomía o de su iniquidad encontraremos una experiencia u otra, siempre maravillosa.

Y como la vida es tan amarga que abre a diario las ganas de comer podemos volver una y otra vez. La vida está mucho más allá de donde pisaron los romanos y he decidido que merece la pena comerse hasta a los caníbales.

Si lo anterior no te ha convencido, siempre te quedará la fruta que aquí adquiere una intensidad de recuerdos de niñez, de olores de la infancia y de veranos antiguos.

. – ¿Por que viniste a África?

. – No se, quería un lugar con mar.

. – Pero si África es puro desierto.

. – entonces debe ser que me informaron mal.

                                               Humphrey Bogart

13/03/2018

 

TERRAZA SCIROCCO. STATE TOWER 

 

 
En defensa del alcohol diré que las peores decisiones se toman estando sobrio.

La cinematográfica terraza del Scirocco, piso 63 del State Tower da el apaño para tomar un cocktail long island o para saltar al vacío y disfrutar la experiencia en primera persona Tiene las mejores vistas de Bangkok si exceptuamos algún escote ocasional y a la entrada debería advertirse que provoca la certeza de que ser pobre es una tragedia.

Al State Tower debería permitirse la entrada solamente dejando en propinas más que en consumiciones y si la brillantina del tupe refleja el rostro de tu acompañante mientras los zapatos relucientes chirrían como en una tarima de madera.

Y allí, al abrigo de la oscuridad, se ven las cosas más claras y el único temor es descubrir que no te alojas en el hotel sino al nivel de la calle.

Una chica vestida en rosa pálido y rostro asiático se esfuerza en mantener estable su pelo negro mientras el viento porfía. A su atuendo solo le falta un pianista alcohólico que transpire nicotina y la mire con el placer que se siente fumando a escondidas en plena adolescencia.

Cada poco, un timbre anuncia el ascensor y entre la gente que nunca eres tú descubres al que podrías ser con mucho esfuerzo y la suerte esquiva que marca la diferencia entre los tipos de las revistas de sociedad y los de los periódicos, sección sucesos.

El ascensorista pasa el día, a intervalos regulares, entre el perfume de los clientes de la terraza y la estampa vulgar de el mismo, un tipo escondido en un traje de botones que sonríe a quienes en realidad querría cortar el pescuezo.

Chica del vestido rosa palido

 

En la terraza del State Tower todo es calma apenas perturbada por unos acordes. Un tipo cree reconocer la melodía para que lo confundan con alguien más interesante que el mismo. Fuma intentando dibujar con el mechero en la mano un gesto tan elegante como inútil e intenta olvidar que por falta de uso, la pajarita del traje te atrapa la garganta como una garra.

Le gusta pensar que no es noticia de primera plana que pudiera poner la palma de la mano en la cintura de la chica del vestido rosa pálido. Y antes de acabar la noche y volver al garito donde sí lo conocen por su nombre de pila recuerda la distancia que hay entre el piso 63, donde a la gente le sienta igual sus vidas elegantes que la ropa y su bar, donde lo más brillante que puedes encontrar es la hebilla de un zapato cuando estas tan bebido que hasta para estar tumbado en el suelo necesitas agarrarte.          

 

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos;….; por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida.
                                  Don Quijote de la Mancha.

 

 

 

Prision Central de Máxima Seguridad de Klong Prem

LA NOCHE TAILANDESA

   

 Siempre voy a los peores bares esperando que me maten, pero lo único que consigo es volver a emborracharme.

                                                                                                                                                         Charles Bukowski

Dos tanquetas de la policía tailandesa precintaron el tugurio de la esquina tras llevarse sin resistencia al rufián que descerrajó seis tiros al tipo que ocupaba la banqueta del final de la barra. Nunca hablé con él. No lo conocía a pesar de verlo cada noche de las que visité el local. Solo supe de él que vestía como un vendedor de enciclopedias sin suerte, como si los años 50 se hubieran detenido en él. Por su aspecto era cuestión de tiempo que acabase en la necrológica de sucesos.

Mientras esperaba en la calle a que el teniente Ubon me devolviera la documentación observe al tipo de mi derecha. Por efecto de la lluvia fina que insistía en caer, la elegante chaqueta se le esponjaba cayéndole a plomo sobre los hombros y la espalda; el cuello de la camisa parecía un arrecife de espuma de afeitar que se tornaba marrón por momentos.  Y así fue convirtiéndose de exitoso hombre de negocios a sucio gato callejero o a mojado abogado de oficio.

Cuando el teniente Ubon me devolvió el pasaporte no dijo nada, solo encogió los hombros pareciendo decir: Lo siento mucho, te hemos jodido la tarde pero peor le ha ido al que va en una bolsa negra.

Y la calle se quedó otra vez vacía.

En Route66(soi soon wijai, Rama 9 road) llegando a una hora decente (22:00) es posible encontrar una mesa desde donde emborracharse.

Fergó sostenía que pontificar y hacerse notar como quien viene de vuelta es la única razón por la que todos los listillos dicen con suficiencia que Route66 está atestada. Parece que prefieren sitios que solo conocen ellos y donde te da tiempo a disertar con el camarero sobre la utopía de Tomas Moro.

Fergó vino a buscarme como por costumbre  cuando tiene algo importante que decir. Remolonea buscando el flanco por donde meter la cuchillada.

.- Insanity, me dijo. Insanity.

. – ¿Qué es eso?

.- Un night club. Nada que ver con los garitos donde te abrasas la garganta, Lobo. Esta noche vamos.

.- A ver cuando me recomiendas una Iglesia.

No es cierto que Bangkok esté lleno de mujeres araña, solía decir Fergó. En una ciudad de millones de habitantes hay quien quiere divertirse sin despertar con una extraña con el rímel marcado en la cara como una cremallera siniestra.

Hazme caso, Lobo, la gente que se divierte busca un night-club donde estar a cañón tocante por eso Route66 o Onyx son buenas alternativas.  

. – Y luego vamos a Insanity.

Insanity, (12, Sukhumvit, Bangkok)por su parte, es un night club heredero de la mítica Clímax donde cuentan que tenía alcohol hasta la leche de soja y donde lo mejor nunca era el futuro sino el momento que se estaba viviendo.

Le dieron cerrojazo cuando se corrió la voz de que el personal se ambientaba demasiado sustituyendo el idioma, el alcohol y la música por la polvora y la merca. Climax se volvió peligrosa cuando le dieron mesa a la bofia y a veces se ponían nostalgicos y hacían su trabajo. Entonces los parroquianos; las mujeres araña; los fugitivos; los que trabajaban y los que no querían trabajar; los estudiantes; los policías fuera de servicio; las niñas bien y los farangs se desparramaron por la ciudad.

Algunos acabaron en Insanity donde a medida que la música crece y las gogó menean las caderas, se silencian las conciencias y las responsabilidades.

Y ese es tan buen sitio como cualquier otro, tanto si buscas encadenarte con el cinturón a una mesa hasta perder el sentido como un marino bajo la galerna; como si buscas socializar con niñas bien o mujeres araña.

En la puerta un neón verde llamaba como una trampa para moscas. Fergó me miró sonriente elevando el pulgar en señal de victoria antes de que la música electrónica impidiera más comunicación verbal en toda la noche.  

 

                                                 

 

EPILOGO

  Este cuaderno de viajes está inacabado con la esperanza de que tenga continuidad en un corto espacio de tiempo.

Lo genuino de explorar es que a medida que te cartografías te vas entreteniendo cada vez en detalles más precisos. Me surge la inquietud por un reto en el que lo decisivo es contar una verdad que no parezca mentira.

A veces compro un cuaderno de notas y queda en un estante, casi entumecido. En ocasiones lo miro, lo abro sin atreverme a escribir nada en él, y así pasan los meses. Durante ese tiempo, con frecuencia, pienso que nada de lo que yo pueda escribir tiene más valor que su estado actual, y que las anotaciones que pueda hacer no aportan nada.

Así sucede hasta que un día lo inicio impelido por un pensamiento que me parece ingenioso y ya no tengo miedo sino curiosidad por conocer el desenlace.

Lo aquí contenido solo es una visión personal, subjetiva y temporal de Tailandia. Fruto de unas reflexiones certeras en el menor de las ocasiones y seguramente fallidas y desenfocadas en la mayoría de los casos.

Con respecto al análisis sobre las circunstancias en que el malogrado David dejo de existir son cuestiones inacabadas, irresueltas, si bien tengo la esperanza de arrojar luz sobre ellas en la medida de lo que sea capaz en una próxima entrevista con Arturo, si es que antes no pasa a ser una esquela en un periódico siamés. ……………………………….continuará.

 

                                                                                                     BANGKOK a 14 de marzo de 2018        

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